Ya estaban todas las mesas servidas, atendía al partido que retransmitían en la televisión hasta que la campanilla de la puerta sonó. Giré la cabeza y vi entrar a una chica, tendría unos 15 o 16 años, vestía vaqueros y una sudadera roja de Mafalda, se colocaba su pelo alborotado a causa del viento mientras echaba una mirada a la cafetería, buscaba algo, o a alguien. Finalmente sus ojos brillaron, encontró lo que quería: La ventana. Sus pies calzados en converse se acercaron tranquilamente a la mesa para dos personas y se sentó en ella mientras se despedía de la música de sus cascos. Guardó el i-pod en un bolso de mil colores, y lo posó en el suelo con la compañía de sus pies. Me sorprendió su tranquilidad y su serenidad para hacer las cosas, cogió la carta y la empezó a ojear. Sacó una cartera de Mario Bross de su bolso y miró el dinero que le quedaba, luego volvió a mirar los precios de la carta y su cara dejó ver una mueca de resignación. Sacó 1 euro y 20 céntimos de su cartera, sabía lo que iba a pedir, típica chica que viene a tomarse un refresco. Ya era hora de ir a atenderla. Me acerqué a su mesa y le pregunté:
- ¿Qué va a ser?
Me miró pero antes no pudo evitar echar una fugaz mirada a la carta en la que todavía reposaba la imagen del postre que quería tomar.
- Hola. ¿Me podría dar una coca-cola y… - dudó, miró su cartera y una sonrisa se formo en su cara- y unas tortitas por favor.
- ¿Las tortitas con nata y chocolate?
- No, gracias.
Su sonrisa continuaba en su cara, pero se le notaba que había una pizca de remordimiento.
- Aunque lo pidas no te costará más. – En ese momento no pude evitar sonreírle.
Me dedicó una tímida risa.
- No, lo siento, pero es que no me gustan con las tortitas, pero gracias de todas formas.
- No hay de qué.
Volví a la barra y les deje el encargo de tortitas sin nada a los cocineros.
Varios comensales se fueron y me dispuse a recoger sus mesas. Mientras estaba en mi tarea observé a la chica. Ahora tenía un libro en la mano pero… ¡¡Lo estaba leyendo al revés!! Me intenté fijar en la portada que deduje que estaba a la derecha y vi un dibujo japonés. Ah… Será por eso que se lee al revés, pensé. De repente una música invadió el café, era el sonido de una batería y luego se oyó una voz, parecía rock. La chica del libro japonés empezó a revolver su bolso hasta que sacó el móvil y contesto. Estuvo varios minutos hablando, solo alcanzaba a escuchar matices de su conversación. Solía decir mucho: Dios mío, o en plan… Cuando pasaba cerca de la mesa lograba escuchar a alguien gritando al otro lado del teléfono mientras la chica intentaba calmar a esa persona. Su voz parecía serena pero enfadada a la vez. Lo único que conseguí escuchar de la conversación fue cuando le llevé sus tortitas sin nada y su coca-cola.
- Estoy en el bar que me dijisteis ayer. No Atrich, no estoy sola, estoy con Salta y Velo.
¿Atrich, Salta, Velo? Esa chica me empezaba a asustar
- No, no se llegar hasta allí. Vale, en 10 minutos fuera del bar. Chao
Su despedida fue sonriente y alegre, pues al parecer pronto se encontraría con una amiga suya o algo por el estilo. Le dejé sus tortitas y la coca-cola sin poder evitar preguntar.
- ¿Seguro que sin chocolate?
Esta vez su risa no fue tan tímida como la anterior.
- Segurísima, muchas gracias.
También le dejé su pesadilla en la mesa, le acerqué el platito de la cuenta, lo miró con una arruga en la frente que se quitó al llegarle el olor de su merienda.
Y me fui hacia la barra. Recogí, serví a más mesas. Intente no quitarle ojo a la chica, tenía curiosidad de saber qué tipo de compañía era la de una chica que llama a sus amigos Atrich o algo parecido y que no le gustan el chocolate en las tortitas. Cada pocos segundos miraba por la ventana a ver si alguien venía a buscarla y unos minutos después su sonrisa me lo confirmó. Dejó el dinero en el platito y se precipitó a la puerta. Pero antes se despidó.
- Hasta pronto.- Y me dedicó una bonita sonrisa.
En mi imaginación solo iba a venir una chica: ‘’Atrich’’. He iba a ser alguien raro y extraño. Pero en vez de eso eran cuatro chicas totalmente normales, dos de ellas me sonaban, tenía un recuerdo lejano de un banquete como desayuno y una pobre propina. Se fueron alejando y mientras yo fui a recoger la mesa. Oh no… Me pagó con monedas de 20,10,5,2 y 1 céntimo. A contar, pensé. Pero antes de eso me fijé en una modificación en la cuenta, ella había escrito algo al lado de las tortitas:
Coca-Cola 1.20
Tortitas (sin nata ni chocolate:) 2.99
Total 4.19
- ¿Qué va a ser?
Me miró pero antes no pudo evitar echar una fugaz mirada a la carta en la que todavía reposaba la imagen del postre que quería tomar.
- Hola. ¿Me podría dar una coca-cola y… - dudó, miró su cartera y una sonrisa se formo en su cara- y unas tortitas por favor.
- ¿Las tortitas con nata y chocolate?
- No, gracias.
Su sonrisa continuaba en su cara, pero se le notaba que había una pizca de remordimiento.
- Aunque lo pidas no te costará más. – En ese momento no pude evitar sonreírle.
Me dedicó una tímida risa.
- No, lo siento, pero es que no me gustan con las tortitas, pero gracias de todas formas.
- No hay de qué.
Volví a la barra y les deje el encargo de tortitas sin nada a los cocineros.
Varios comensales se fueron y me dispuse a recoger sus mesas. Mientras estaba en mi tarea observé a la chica. Ahora tenía un libro en la mano pero… ¡¡Lo estaba leyendo al revés!! Me intenté fijar en la portada que deduje que estaba a la derecha y vi un dibujo japonés. Ah… Será por eso que se lee al revés, pensé. De repente una música invadió el café, era el sonido de una batería y luego se oyó una voz, parecía rock. La chica del libro japonés empezó a revolver su bolso hasta que sacó el móvil y contesto. Estuvo varios minutos hablando, solo alcanzaba a escuchar matices de su conversación. Solía decir mucho: Dios mío, o en plan… Cuando pasaba cerca de la mesa lograba escuchar a alguien gritando al otro lado del teléfono mientras la chica intentaba calmar a esa persona. Su voz parecía serena pero enfadada a la vez. Lo único que conseguí escuchar de la conversación fue cuando le llevé sus tortitas sin nada y su coca-cola.
- Estoy en el bar que me dijisteis ayer. No Atrich, no estoy sola, estoy con Salta y Velo.
¿Atrich, Salta, Velo? Esa chica me empezaba a asustar
- No, no se llegar hasta allí. Vale, en 10 minutos fuera del bar. Chao
Su despedida fue sonriente y alegre, pues al parecer pronto se encontraría con una amiga suya o algo por el estilo. Le dejé sus tortitas y la coca-cola sin poder evitar preguntar.
- ¿Seguro que sin chocolate?
Esta vez su risa no fue tan tímida como la anterior.
- Segurísima, muchas gracias.
También le dejé su pesadilla en la mesa, le acerqué el platito de la cuenta, lo miró con una arruga en la frente que se quitó al llegarle el olor de su merienda.
Y me fui hacia la barra. Recogí, serví a más mesas. Intente no quitarle ojo a la chica, tenía curiosidad de saber qué tipo de compañía era la de una chica que llama a sus amigos Atrich o algo parecido y que no le gustan el chocolate en las tortitas. Cada pocos segundos miraba por la ventana a ver si alguien venía a buscarla y unos minutos después su sonrisa me lo confirmó. Dejó el dinero en el platito y se precipitó a la puerta. Pero antes se despidó.
- Hasta pronto.- Y me dedicó una bonita sonrisa.
En mi imaginación solo iba a venir una chica: ‘’Atrich’’. He iba a ser alguien raro y extraño. Pero en vez de eso eran cuatro chicas totalmente normales, dos de ellas me sonaban, tenía un recuerdo lejano de un banquete como desayuno y una pobre propina. Se fueron alejando y mientras yo fui a recoger la mesa. Oh no… Me pagó con monedas de 20,10,5,2 y 1 céntimo. A contar, pensé. Pero antes de eso me fijé en una modificación en la cuenta, ella había escrito algo al lado de las tortitas:
Coca-Cola 1.20
Tortitas (sin nata ni chocolate:) 2.99
Total 4.19
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