Pasé con los puños cerrados por delante de la puerta del salón y cuando casi había conseguido huir de las carcajadas escuché una sugerencia despiadada.
-¿No vas a agradecerle a tu hermana el regalo?- Mi padre tenía mejor fondo que mi madre, pero no era de muchas luces.
Mi primera reacción fue clavar con más fuerza las uñas en mis manos, luego, abrí los puños y aminoré el paso hasta detenerme. Pensé que sí podía darle las gracias de una manera ecuánime, no sólo por aquel incidente de las cerezas, también por el incordio constante y permanente que me causaba.
Crucé el salón para salir al jardín, con una sonrisa de oreja a oreja y con un ego descomunal por haber ideado aquella solución yo solita. Pasé por delante de mi madre y el desinterés habitual de mi familia hizo aún más sencillo llevar a cabo mi propósito.
El columpio donde Carine se balanceaba estaba muy cerca de mi lago favorito, así que le propuse enseñarle a cazar ranas. La muy necia aceptó y saltó del columpio, tan grácil como siempre.
En cuanto nos agachamos en busca de la primera presa, agarré con fuerza el delicado cuello de mi hermanita y hundí su cara en la charca. Cuanto más patadas y aspavientos hacía, mayor era el placer que invadía mi cuerpo. Mis ojos estaban totalmente abiertos y mi boca cada vez sonreía más. Recuerdo haber liberado mi satisfacción con alguna que otra carcajada.
Aquella cantidad de adrenalina conseguía aumentar mi entusiasmo y ya agarraba con las dos manos su cuello cuando encontré en la orilla una piedra afilada. Tiré de los ricitos de oro y, en el momento en el que en Carine quedaba únicamente un último suspiro, clavé la piedra en su cuello y su sangre salpicó mi cara.
Aquella cantidad de adrenalina conseguía aumentar mi entusiasmo y ya agarraba con las dos manos su cuello cuando encontré en la orilla una piedra afilada. Tiré de los ricitos de oro y, en el momento en el que en Carine quedaba únicamente un último suspiro, clavé la piedra en su cuello y su sangre salpicó mi cara.
Que dulce resulta decir te maté.
Extraje entonces la piedra de la yugular e hice múltiples cortes en sus piernas de bailarina y en sus manos de pianista. Observé el cadáver mutilado, seguro que mi madre se enfadaría con ella al ver el vestido tan sucio. Aunque tal vez la culpa fuese mía, además, yo también estaba llena de sangre.
Extraje entonces la piedra de la yugular e hice múltiples cortes en sus piernas de bailarina y en sus manos de pianista. Observé el cadáver mutilado, seguro que mi madre se enfadaría con ella al ver el vestido tan sucio. Aunque tal vez la culpa fuese mía, además, yo también estaba llena de sangre.
Entré a hurtadillas por el salón, pero, al parecer, despertaba más interés cuando estaba tan roja. Mi madre chilló y mi padre corrió en su ayuda asustado.
-Cherry... estás llena de.. sangre...- Mi padre era muy observador- ¿Qué ha ocurrido?
Tras aquel hilo de voz y un silencio sepulcral luego, no guardé mis palabras:
-Le di las gracias a Carine.
2 comentarios:
BRA-VO
sin aliento tengo que leer estos textos!
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